
La vida es lo más frágil, inestable e impredecible que existe.
Solo hay una cosa de la que podemos estar seguros, no acaba hasta que acaba..
Después del amor, el reloj sigue su marcha, despiertas y la cama está vacía, tan ancha que no llenas ese hueco, sólo queda la humedad y el olor de tu perenne presencia.
El silencio suele ser solemne, buscas el abrazo que te cobije, pero callas y eres polvo, eres luz, eres ciego, tan ciego que callas.
Callas aunque sigas anhelando esa caricia. Esa que no te dieron, y se perdió en el momento.
Esa que retumba en tú memoria, en tú pensamiento y en tus entrañas.
Esa que te recuerda que es domingo por la noche y ya no es tiempo de repetirla.
Callas aunque oigas el silencio retumbando en las paredes, el miedo frente a frente, y aunque sepas que no te apetece nada más esta noche que ese abrazo de ayer.
Simplemente callas, porque ya no puedes hablar. La voz se ha quebrado y las ganas anoche,se fueron con la cartera...
Y que el agua se lleve consigo los recuerdos. Pero no todos, solo esos que duelen.
Esos que de lo felices que fueron reconcomen las mentes que no olvidan.
Esos que no dejan de repetirse, por mucho que los relegues a sitios inhóspitos de tu cabeza.
Esos otros que de los felices que fueron y pueden volver a ser, nos hagan sentir como en casa.
Esos que tengo yo contigo.
Por ejemplo.
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