
Aunque no lo parezca, una playa no es algo tan distinto a un desierto. Sobre todo si está vacía.
Y es caminando por esa playa vacía, cuando gente como yo, con mi rizos y mis ojos claros, esperamos que tras la próxima duna haya una máquina voladora muy fea averiada, y un niño grande golpeándola con su martillo. Preparado para, quizá contarnos su punto de vista sobre un mundo en el que las cosas importantes no se pueden contar con los dedos.
En realidad, caminar sola por la playa sólo tiene sentido si esperas que alguien o algo te dibuje tu cordero dentro de la caja. Que alguien o algo te haga dar con eso que estás buscando, que a veces es, precisamente, eso de lo que huyes un poco....
(en construcción...)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada